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Fernando III, El Santo

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Fue sin lugar a duda uno de los grandes Reyes de Historia de España, de los más importantes de Europa y la Cristiandad. Ha sido el Gran Rey Cristiano de la Reconquista, un hombre lleno de virtudes. Buen hijo, esposo y padre, defensor de la religión Verdadera contra el islam. Un monarca culto, amante del arte, un guerrero, un estratega, un gran político y gobernante. Y además de todo ello, si se puede agregar algo, subió a los altares. Hablamos de Fernando III, El Santo.

Fernando nació entre 1199 y 1201 en Zamora, hijo de Doña Berenguela de Castilla y de Alfonso IX de León. Curiosamente el destino, o la Providencia Divina, lo llevó a ser rey, ya que no había nacido heredero ni por parte de su rama paterna ni materna. Su padre tuvo otros hijos con Teresa de Portugal, y su madre tampoco era heredera, porque sus hermanos Enrique y Fernando iban delante de ella en la sucesión. La importancia política del matrimonio fue que con el tiempo se lograría la paz y la unión entre León y Castilla y que Fernando sería su rey. En 1204 El papa Inocencio III disolvió el matrimonio ya que Alfonso y Berenguela tenían estrechos lazos sanguíneos -por cierto, como también había pasado con Teresa-, pero reconoció como legítimos a sus hijos.

A la muerte de Alfonso VIII en julio de 1217, Berenguela heredó el Reino de Castilla. En Valladolid tuvo lugar su coronación, pero en la misma ceremonia abdicó cediendo el trono a su hijo Fernando, de 18 años de edad, y que reinó como Fernando II de Castilla.

Mientras tanto, Alfonso IX, convencido que sus derechos al trono eran tan válidos como los de su hijo, entró en Castilla y se dirigió a Burgos encontrando una fuerte resistencia. Allí le esperaban Fernando, Berenguela y un grupo de nobles con sus hombres de armas, plantándole cara. Alfonso IX no se lo esperaba y se retiró, firmando una tregua con su hijo, refrendada en Toro el 26 de agosto de 1218.

En 1230 Fernando heredó la corona de León a la muerte de su padre, tras la llamada concordia de Benavente, que fue un acuerdo firmado por Teresa de Portugal renunciando a los derechos de sus hijas Sancha y Dulce, en favor de Fernando, su medio hermano. Esto significó la unión indisoluble de los reinos de Castilla y León, restableciendo de algún modo el camino para la recuperación del Regnum Gothorum y Regnum Hispaniae. Con Fernando III nació la bandera unificada del Reino de Castilla.

Fernando no lo tuvo fácil. Con habilidad y diplomacia metió en cintura a los nobles castellanos levantiscos y los sometió al poder real. Demostró tener la capacidad para lograr grandes empresas. Fue un auténtico Rey Guerrero como quedó demostrado en 1236 en Córdoba, en 1244 en Murcia, en 1246 en Jaén, y en 1248 finalmente al frente de la toma de Sevilla. Fue el gran conquistador de Andalucía consiguiendo que el vasallaje de rey moro de Granada. Vio estratégicamente la conquista del Guadalquivir como la clave para lograr la restauración del Reino Perdido. Sevilla era el objetivo y mandó a construir la gran flota castellana del Cantábrico. El almirante Bonifaz entró con sus naves por el río y el rey Fernando por tierra. Incorporó a Castilla 100.000 km que estaban en manos musulmanas.

Más tarde reconquistó Murcia y marcó con el acuerdo con rey de Aragón Jaime I, la división territorial entre los reinos cristianos acordando también el matrimonio ente su hijo Alfonso -futuro Alfonso X El Sabio, que merece un capítulo aparte- y Violante, la hija del aragonés.

Murió el 30 de mayo de 1252 intentando la conquista del reino de Niebla. Se habla de una muerte por un edema. Sus restos se encuentran al día de hoy incorruptos en la Catedral de Sevilla.

Legado, carácter y linaje

Fernando III sólo hizo la guerra como cruzada cristiana y de legítima Reconquista, y cumplió su firme determinación de jamás cruzar las armas con otros príncipes cristianos. Pobló y colonizó los territorios ganados al islam e Instituyó los futuros Consejos del Reino al designar un colegio de doce varones doctos y prudentes que le asesoraran, plasmado en “El libro de los 12 sabios el buen gobierno”. Fue un auténtico monarca de la cultura y el arte, fundador de los estudios generales de Palencia y Salamanca.

Impulsó también la construcción en 1221 de la Catedral de Burgos, la de la catedral de Santa María, llamada Catedral Primada de España, es decir, la Catedral de Toledo, en 1226. Seguramente fue el impulsor de la catedral de León que retomaría la construcción su hijo Alfonso X El Sabio. Fernando no destruyo las mezquitas a su paso, como quedó demostrado en Córdoba y Sevilla, sino que volvieron a alzarse en ellas templos cristianos. También ha sido el primer rey que dejó de escribir en latín y en usar el castellano, además de traducir los antiguos códices visigodos recogiendo así un legado y una tradición casi perdida. Estos datos nos indican que, en el florecimiento y esplendor cultural logrado por su hijo, Alfonso X el Sabio, tuvo mucho que ver la obra de su padre.

Como dice el historiador Fernando Paz, Fernando III fue protagonista indiscutido de una época cuando los reyes eran santos. Estamos hablando de tiempos de cruzadas, de hazañas imposibles hechas realidad, de Nuestra Cruzada. Fue canonizado en 1671 por el papa Gregorio X como San Fernando III, rey de Castilla y de León.

El Rey Santo ha sido un pura sangre de nobles europeos. Su abuela fue Leonor Plantagenet o Leonor de Inglaterra, hija del rey Enrique II de Inglaterra y de su esposa, la reina Leonor de Aquitania. Su abuelo Alfonso VII ha sido el mismo de las Navas de Tolosa. Beatriz de Suabia fue su esposa, prima de Federico II Hohenstaufen, tal vez el más grande Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Con Juana de Ponthieu, su segunda esposa, tuvo a su hija Leonor que se casó con Eduardo I de Inglaterra.

Fernando III, el Santo, un rey único, inigualable y con un legado indeleble en toda la Cristiandad como ningún otro.

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